- He estado pensando desde la última vez en que me dijiste que ese ideal de amistad del que gozábamos en nuestra juventud no está presente en nuestro patrón de pensamiento actual, porque la verdad es que me gustaría creer que aunque ausente, ese brillo aparentemente apagado puede volver a nacer en cualquier momento como una llama pequeña detrás de un cristal empañado. De todos modos, pese a ello, me entristece pensar que al madurar hemos cambiado nuestras prioridades, y al hacerlo, de paso borrado todo aquello que tú y yo considerábamos importante. Y me preocupa también la férrea certeza de no tener ni idea de lo que se nos pueda venir encima, o lo que no se nos vendrá, ni encima ni en ninguna parte, putos éxitos sin intención de rozarnos siquiera; es eso lo que me da más miedo. Y pensar que, quién sabe, al fin y al cabo huir de todo aquello a lo que temíamos nos acerque más a esa amistad asquerosa de la que hace un segundo estábamos hablando, y, recuperada de nuevo, nos de una bofetada en la cara con nuestros miedos ególatras más fuerte que nunca. Cuéntame tú cómo llegaste a esta situación; si aprendo de ti volveré, lejos de aprender, a saber lo que me estará esperando y una vez llegado el momento podré quejarme a gusto y lamentar esta vida que nos ha tocado. Si me dices que ni eso me librará, ni de la desesperación ni de la rabia ni del miedo, me callaré y tal vez piense en suicidarme, y ese pensamiento me calmará con dulce autoodio. No me lamento de mí mismo, y vete tú a la mierda porque allí seguro que encuentras lo que estás buscando, el asco suficiente como para regodearte de tu miseria, porque la mía ya estará lejos, por ahí perdida también, buscando a la tuya para unirse las dos juntas e irse cantando y riendo cogidas por el brazo.
"No me des tu vino tinto ni tu Anjou… dame a tu mujer… ¡me pertenece! ¡Ve tú a sentarte junto a la fuente y déjame a mí las lilas! Quítate las legañas de los ojos… ¡y coge ese maldito adagio y envuélvelo en unos pantalones de franela! Y los otros movimientos menores también… todos los pequeños movimientos que haces con tu vegija floja. Me sonríes tan confiado, tan calculador. ¿Es que no ves que te la estoy pegando? Mientras escucho tus gilipolleces, ella me está metiendo mano… pero tú no ves eso. Crees que me gusta sufrir: es mi papel, según tú. Muy bien. ¡Pregúntale a ella! Ella te contará cómo sufro. Eres cáncer y delirio, me dijo por teléfono el otro día. Ahora lo tiene ella, el cáncer y el delirio, y pronto tendrás que recoger las ostras. Te digo que sus venas están a punto de estallar y tu cháchara es puro serrín. Por mucho que mees, nunca taparás los agujeros. ¿Qué dijo el señor Wren? Las palabras son soledad. Anoche dejé unas palabras para ti sobre el mantel: las tapaste con los codos."
Perfección
La palabra perfección, como todas las palabras, ha ido perdiendo y difuminando su significado a medida que la gente la usa y la desgasta, para ramificarse así en muchos otros significados distintos.
Normalmente entendemos perfección como un ente que posee, de entre todas, las mejores cualidades y que carece de defectos. Y sí, podemos decir que esa perfección absoluta no existe. Sin embargo, existe una aproximación al ideal de perfección, y éste último a su vez es un concepto variable e individual (puesto que las cualidades que designan esa perfección son tan relativas como sujetos hay).
Sin embargo, podemos referirnos a algo perfecto como aquella cosa que encaja a la perfección (valga la redundancia) en un determinado contexto o situación. Por lo tanto, en este caso la misma palabra perfección ha perdido parte del significado que se expone más arriba para pasar a ser el objeto adecuado. (Porque nadie nos dice que el hecho de poseer las mejores cualidades sea siempre la opción más adecuada).
Normalmente entendemos perfección como un ente que posee, de entre todas, las mejores cualidades y que carece de defectos. Y sí, podemos decir que esa perfección absoluta no existe. Sin embargo, existe una aproximación al ideal de perfección, y éste último a su vez es un concepto variable e individual (puesto que las cualidades que designan esa perfección son tan relativas como sujetos hay).
Sin embargo, podemos referirnos a algo perfecto como aquella cosa que encaja a la perfección (valga la redundancia) en un determinado contexto o situación. Por lo tanto, en este caso la misma palabra perfección ha perdido parte del significado que se expone más arriba para pasar a ser el objeto adecuado. (Porque nadie nos dice que el hecho de poseer las mejores cualidades sea siempre la opción más adecuada).
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)